
Y es que la boca, al ser una estructura tan compleja, crea
un ambiente muy vulnerable y propicio para que aparezcan y proliferen
bacterias, muchas de ellas naturales y de cierta importancia para procesar los
alimentos, aunque no todas y siempre en su justa medida, ya que el exceso de
las beneficiosas también puede producir enfermedades y acarrear diferentes
problemas de salud.
El cuerpo actúa de forma natural y busca el equilibrio de
las bacterias y demás microorganismos que están presentes y actúan en la boca
para que se mantenga saludable, pero esta acción no ocurre en los dientes, que
son especialmente delicados en las edades infantiles debido a los excesos de
almidón y azúcar.
La obligación es de los padres
Efectivamente, para que el niño y posteriormente la persona
adulta tenga una sana dentición son los padres quienes tienen que actuar desde
la más tierna infancia dando ejemplo y educando en esta necesaria higiene
personal.
Los cuidados específicos a los que se tiene que someter al
pequeño deben formar parte de los hábitos que ya nunca abandonará a lo largo de
su vida. Cuando sean adultos y mantengan una dentadura fuerte y sana,
seguramente recordarán con gratitud y cariño los esfuerzos que se hicieron para
acostumbrarlos a esos cuidados.
Aunque esta educación debe de ir acompañada de una dieta
sana y equilibrada que dosifique la cantidad de azúcar y almidón en su
alimentación. Es de vital importancia que comiencen a manejar instrumentos como
el hilo dental, el cepillo de dientes, ya que, aunque no lo hagan con precisión
al principio, se estarán habituando a ellos. Así mismo se considera
imprescindible crear una relación de amistad con el dentista visitándolo con
regularidad.

Posteriormente y a medida que el niño crece, se deberán ir
adaptando sus necesidades de higiene con productos más adecuados, siempre
agradables y frescos, sin forzar la costumbre para que el joven sienta el
impulso de revelarse. Se trata de que adapte por sí mismo la sana costumbre de
cepillarse los dientes al menos tres veces al día.
Esta es quizás la parte más complicada, sobre todo a ciertas
edades en las que la rebeldía sale a flor de piel (pubertad y adolescencia). Para
esas etapas los padres deberán hacer esfuerzos extras y tratar el problema con
creatividad y no con castigos y enfados.
Los hijos deberán entender que su calidad de vida en el
futuro va a depender de lo que hagan hoy, que la belleza y la salud, factores
de gran importancia en nuestras sociedades, hay que cuidarlas desde este
momento. Y como ya hemos comentado anteriormente, no hay mejor educación que la
que se predica con el ejemplo, por lo que los padres deberán limpiar sus
dientes a diario y además hacerlo a la vista de los más pequeños, mostrándoles
cómo se hace y lo divertido que es, explicándoles cómo pueden llegar a
degradarse, a perder el color e incluso a producir mal aliento si no se realiza
con constancia y eficacia esta limpieza.
Debemos advertirles que, si no cuidamos nuestras piezas
dentales, estas pueden llegar a caerse, mostrando un aspecto físico poco
atractivo y sufriendo molestias al masticar.
Podemos dejar que ellos elijan el sabor de la pasta dentífrica,
el color del cepillo de dientes o si estos tienen luces o son de sus dibujos
animados preferidos. La idea es que ellos se sientan partícipes del gran juego
que es el cuidado de sus propios dientes para llegar a adultos con la costumbre
bien implantada y una buena relación, con recuerdos agradables, con la higiene
bucodental.
No dude siempre en consultar a su clínica dental.
Más info
http://www.caredentdoshermanas.es/
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